Hay un término que está empezando a sonar en la conversación sobre tecnología:
"podredumbre mental" (brain rot, en inglés). Describe un deterioro mental leve, asociado al consumo de contenido de baja calidad en internet y, cada vez más, al uso intensivo de inteligencia artificial.
No es una opinión ni una moda pasajera: hay
estudios recientes del MIT y de la UCSF que han medido, con datos, qué le pasa a nuestro cerebro cuando delegamos demasiado en la IA o pasamos demasiado tiempo en redes. Te contamos qué encontraron exactamente.

El experimento del MIT: escribir con ChatGPT, con Google, o solo con tu cerebro
El equipo de Nataliya Kosmyna, del MIT Media Lab, reunió a 54 estudiantes universitarios y les pidió escribir varios ensayos de entre 500 y 1.000 palabras. Un grupo podía usar ChatGPT (de OpenAI), un segundo grupo solo podía usar la búsqueda tradicional en Google, y un tercer grupo no podía usar ninguna herramienta: solo su propio cerebro.
Los estudiantes llevaban puesto un gorro de electroencefalografía (EEG) mientras escribían, para medir su actividad cerebral. En una sesión final, se pidió a los estudiantes que usaron ChatGPT que escribieran un ensayo sin ninguna herramienta, y a los que usaron solo su cerebro que lo hicieran con ChatGPT.

Lo que encontraron: menos conexión cerebral cuanto más se apoya uno en la IA
El resultado más claro del estudio: el grupo que escribió "solo con su cerebro" mostró la actividad neuronal más fuerte y más distribuida. El grupo que usó el buscador tradicional mostró una activación intermedia. Y el grupo que usó ChatGPT mostró la conectividad cerebral más débil de los tres.
Además, los usuarios de ChatGPT tuvieron dificultades para citar con precisión su propio ensayo poco después de haberlo escrito, según recoge el propio estudio. Y cuando, en la última sesión, pasaron de usar ChatGPT a escribir solo con su cerebro, seguían mostrando una actividad cerebral inferior a la del grupo que había practicado sin IA desde el principio, como si arrastraran una especie de "deuda cognitiva" acumulada.

El otro lado del estudio: usar la IA también puede ir bien
El propio estudio matiza algo importante, que a menudo se pierde en los titulares: los estudiantes que empezaron escribiendo sin herramientas y luego se les permitió usar ChatGPT alcanzaron un nivel de actividad cerebral superior al del grupo que había usado ChatGPT desde el principio. Es decir, el problema no parece ser la IA en sí misma, sino usarla desde el principio como sustituto del esfuerzo propio, en lugar de como apoyo después de haber pensado por tu cuenta.

Lo que encontró la UCSF sobre redes sociales y cerebros adolescentes
El otro estudio relevante es de un equipo liderado por Jason Nagata, de la Universidad de California en San Francisco (UCSF), publicado en JAMA. Analizaron datos del proyecto de Desarrollo Cognitivo del Cerebro Adolescente (ABCD, por sus siglas en inglés), que siguió a cerca de 6.500 jóvenes de entre 9 y 13 años entre 2016 y 2018.
Los datos mostraron que quienes reportaban usar redes sociales con poca frecuencia (una hora al día o menos) obtuvieron puntuaciones significativamente más bajas en pruebas de lectura, memoria y vocabulario que quienes no usaron redes sociales en absoluto durante el periodo estudiado.

Por qué esto también importa si no eres adolescente
El mecanismo que describen ambos estudios no es exclusivo de estudiantes ni de adolescentes: es lo que pasa cuando una herramienta hace el trabajo cognitivo por ti de forma sistemática, ya sea resumir información, redactar por ti, o simplemente ofrecerte contenido sin que tengas que buscarlo ni procesarlo.
Para cualquiera que trabaje con tecnología a diario (y en
Sandav trabajamos cada día con perfiles que usan IA como parte de su trabajo) esto no es una razón para dejar de usarla. Es una razón para usarla con más criterio.

Cómo hacer un uso más inteligente de la IA y las redes
1. Piensa antes de preguntar, no en lugar de preguntar
El propio estudio del MIT sugiere
que el problema aparece cuando la IA sustituye el primer esfuerzo de pensar, no
cuando lo complementa después.
2. Reserva tiempo para lectura profunda, sin resúmenes de por
medio
Leer un texto completo, no solo su
resumen generado por IA, sigue siendo de los ejercicios que más entrena la
memoria y la comprensión.
3. Escribe un primer borrador sin ayuda
Aunque termines puliendo el texto
con IA, intentar la primera versión por tu cuenta mantiene activo el mismo
"músculo" cognitivo que el estudio del MIT vio debilitarse.
4. Pon límites reales a las notificaciones, no solo
intenciones
El estudio de la UCSF encontró
efectos incluso con un uso relativamente bajo de redes sociales; el hábito de
revisar el móvil de forma constante parece pesar tanto como el tiempo total de
uso.
5. Usa la IA para ampliar, no para evitar el esfuerzo
Pedirle a la IA que cuestione tu
razonamiento, no que lo sustituya, es la diferencia entre usarla como
herramienta y usarla como atajo.

Ni el MIT ni la UCSF dicen que la IA o las redes sean el enemigo. Dicen algo más concreto y más útil: que delegar sistemáticamente el esfuerzo cognitivo, sin pensar primero por tu cuenta, tiene un coste medible en cómo funciona tu cerebro. La buena noticia es que el mismo estudio del MIT muestra que ese efecto no es irreversible: basta con cambiar cuándo y cómo se usa la herramienta.
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